Se apagó la vida de "Tony" Rodríguez. Se nos fue el titán de barba blanca y sonrisa franca que el camino empezó a quebrar en aquel accidente de 2009, y al que el olvido y la enfermedad terminaron de vencer ayer en su casa. Murió el legendario maratonista de los milagros; el hombre que corría para darle batalla al cáncer infantil y que acabó perdiendo en el tramo más difícil de la carrera.
Para entender el tamaño del hueco que deja Antonio en San Miguel de Tucumán, hay que mirar las piernas que hoy están quietas. Hubo un tiempo en que Tony era inmune al cansancio. Devoró 56 maratones de 42 kilómetros. Soportó con impronta de fuego cinco ultramaratonas de 100 kilómetros de trote continuo y resistió un infierno de 24 horas de marcha ininterrumpida. Lo aclaró siempre. Él no quería ni medallas ni trofeos; cada gota de sudor era dinero o asistencia para los chicos internados en oncología.
Se lo conocía como el "Rey del Maratón", un feligrés incondicional de la Virgen del Valle y fanático apasionado de San Martín. Durante años convirtió al parque Avellaneda en su templo cotidiano, un lugar donde bastaba escucharlo unos minutos para llenarse de su paz.
Sin embargo, la vida le tenía reservada la valla más alta y traicionera. El martes 1 de diciembre de 2009, todo se rompió. Caminaba hacia Catamarca, custodiando a la Virgen, cuando un camión lo atropelló en la ruta. El impacto destrozó al atleta, pero no al hombre. Esa fue su última caminata de fe, el golpe brutal que lo bajó de las pistas y lo empujó a esa realidad que nadie quiere mirar de frente, donde solo hay espacio para la vejez, la enfermedad y el olvido.
Sus últimos años no fueron fáciles. Con las secuelas físicas instaladas en el cuerpo y las tardes del parque congeladas en el recuerdo, Tony quedó encerrado en una realidad hostil, dependiendo enteramente del amor de su familia y de unos pocos leales. Esos nombres silenciosos que se cargaron al hombro la tarea de sostenerlo cuando las piernas ya no le respondían, llevarlo a las consultas médicas, higienizarlo y pelear por los medicamentos que el cuerpo desgastado exigía y el sistema le retaceaba.
El último suspiro llegó ayer. Karina Garbero, una de las pocas personas que caminó junto a él en esta dura etapa final, confirmó el deceso y compartió públicamente la última fotografía juntos. En sus palabras de despedida ella resume el dolor de una provincia que despide a un héroe postergado. "¡Gracias por dejarme acompañarte, fuiste como un abuelo. Vuela alto y ya descansa, mi renegón. Sos leyenda y vivirás en cada maratonista y cada niño por el que corriste".
El "Rey del Maratón" cruzó así la última línea de llegada. Atrás quedaron las colectas de ropa o los pedidos desesperados por una silla de ruedas para hacer un poco más vivible su internación hogareña. Tony ya no sufre. Ahora le toca descansar, mientras en las calles de Tucumán, cada maratonista que pise el asfalto llevará, sin saberlo, un trozo de su fuego.